La gracia no es un premio para quienes ya son buenos — es el poder de Dios actuando en nosotros para transformar nuestras vidas.
¿QUÉ TIENE QUE VER CONMIGO?
Este es el fundamento de toda esperanza: No confiamos en nuestras propias fuerzas, sino en lo que Dios ya está haciendo en nosotros.




